CUIDADO DEL ENTORNO

DEL CASERÍO


La agricultura y la ganadería tradicionales han creado y mantenido una gran riqueza natural en el paisaje del caserío. Sin embargo, han ido desapareciendo los setos, las alineaciones de árboles, los muretes y los árboles aislados en los límites de las parcelas y en los bordes de los caminos, argumentando que entorpecen la mecanización de los trabajos, o que son foco de suciedad y plagas. Otras veces han desaparecido debido al uso de productos químicos para aumentar la producción agrícola. Estos elementos, además de aumentar la biodiversidad, favorecen al agricultor, pues ofrecen resguardo del viento y del sol, mejoran la polinización y protegen frente a las plagas. Por ello, se recomienda conservarlos y favorecer su recuperación dejando una franja al borde de las parcelas sin cultivar. En el caso de los muretes, se reconstruirán utilizando las piedras originales, y manteniendo su aspecto tradicional. La vegetación natural del borde de los ríos y arroyos también cumple una función en la regulación de las aguas, la defensa frente a inundaciones y la erosión, y es capaz de absorber gran parte de la contaminación orgánica, por lo que se recomienda respetarla.


Existen cierres alternativos al alambre de espino, como los setos vivos, que ofrecen ayuda frente a la erosión, y refugio del viento y el sol. El alambre de espino va en contra del bienestar animal, por lo que se recomienda sustituirlo por setos vivos, o mallas metálicas que no dañen al ganado.

El paisaje del caserío contiene otros elementos, como fuentes, abrevaderos, lavaderos, molinos, hornos de cal, etc., que forman parte de su patrimonio. La densa red de caminos es también un testimonio de la cultura e historia local. Su conservación es una labor que atañe a todos.